¿Y por qué las tapas tienen que ser cuadradas?

Esa pregunta se hizo seguramente Juan Gatti, diseñador y artista plástico, creador de la tapa de “Artaud” un disco de Luis Alberto Spinetta que cobró una dimensión épica, una obra del rock nacional única, conceptual, que recomiendo repasar en estos momentos donde la incertidumbre avasalla la vida de las personas, de la sociedad en general. Y fue también único su diseño, con forma de estrella y color verde. No entraba en las bateas de las disquerías en los 70´. Una creación de mentes que buscaban cosas nuevas, quebrar paradigmas y abandonar los caminos usuales.

Y ayer, mientras escuchaba este vinilo, me inspiró a reflexionar que el comúnmente escuchado “business as usual” del mundo empresario y corporativo ya no resulta, no aplica, ya fue…

Recuerdo una situación de frustración y aprendizaje en estos tiempos de retrotopías como lo llamaba el maestro Zigmunt Bauman, donde la pausa forzosa nos permite reformular o rectificar los defectos, las fallas de la actual situación humana.  Estábamos experimentando unos extensos talleres y reuniones de trabajo tendientes a intentar transformar la cultura de la empresa en la que desarrollé mi profesión por varias décadas. En ese tiempo, yo era parte del comité ejecutivo como responsable de marketing y comunicación. Un consultor externo nos estaba ayudando en estas reuniones, donde participaban todas las cabezas decisorias de la compañía, a entender las tendencias sociales, culturales y empresariales que traccionaban un cambio en el modelo de negocios y de abordaje de la experiencia de los clientes y de las personas que trabajaban con nosotros. Fue un esfuerzo titánico sostener esas sesiones y, recuerdo que al cierre del último día mientras los organizadores expresaban los próximos pasos para llevar esta innovación al trabajo diario, no pude perder de vista a un grupo de los ejecutivos más influyentes decirse entre si “business as usual”. 

Hoy en el relanzamiento de las actividades empresariales no tiene cabida el “business as usual”, nuestros modelos mentales deben enfocarse en el “business unusual”.

Si hay algo claro es que la pandemia ya está produciendo cambios y transformaciones voluntarias e involuntarias en las empresas y sus procesos de negocio.

Se habla y se especula en cientos de publicaciones sobre la “nueva normalidad”. 

Para que como líderes empresariales, institucionales o gubernamentales podamos prepararnos para los desafíos y oportunidades que derivarán de la crisis debemos mirar cuál es el clima social que se vive.

Durante el mes de mayo Edelman actualizó su barómetro de confianza institucional. Se observan cambios relevantes en los niveles de confianza crecientes de las personas en los gobiernos y se reafirman demandas y expectativas hacia estos y hacia las empresas.

La pregunta es si esto es una burbuja de confianza. 

Los miedos sociales persisten: menos del 50% de las personas en promedio cree que los gobiernos estén asegurando suministros, médicos y tratamientos y que las empresas estén implementando medidas de seguridad para proteger a empleados y clientes. La seguridad es uno de los temas.

El otro tiene que ver con el miedo a perder el empleo y no recuperarlo en un tiempo razonable.

Una preocupación social que se reafirma es que la pandemia ha puesto de relieve inequidades en cada país entre ricos y clase trabajadora y se reconoce la necesidad de hacer algo. Un 67% esta de acuerdo en que aquellos con menor educación, dinero y recursos están siendo afectados con mayor sufrimiento y riesgo de enfermarse.

Algo interesante es que los gobiernos centrales tienden a perder confianza mientras que los locales ganan espacio. 

Respecto de las restricciones de movimiento, un 73% cree que es razonable mientras que el resto lo considera una pérdida de libertades.

Se espera que los gobiernos construyan un sistema económico y social más resiliente: asegurar que los suministros médicos se produzcan en el país, incrementar los gastos en salud, requerir controles a quienes ingresan y restringir la inmigración.

La gente en un 67% prioriza la salud y seguridad frente al arranque de la economía.

En cuanto a la privacidad de los datos personales, otro de los temas en discusión, un 61% de las personas estaría dispuesto a brindar más datos de salud y localización al gobierno para ayudar a monitorear y contener el avance del virus. Este porcentaje crece en ciertos países como China, India, Arabia Saudita y Corea del Sur.

Mayoritariamente, las personas creen que la pandemia traerá cambios positivos en cómo vivimos, trabajamos y tratamos a los demás. 

Vemos dentro de esos cambios positivos al despertar de una mayor conciencia sobre la conexión entre la salud humana y la salud del planeta, que la sociedad en general y las empresas empiecen a pensar en mayor sustentabilidad, que las asociaciones colaborativas público-privadas florezcan.

Las expectativas de las personas respecto de las empresas es que aseguren el acceso a los productos y servicios que la gente necesita, protejan a los empleados con riesgos de exposición, protejan a sus empleados financieramente asegurando sus trabajos, ayudando a pequeños proveedores y clientes dándoles crédito o manteniéndolos en el negocio.

Este pulso social nos demuestra una serie de tensiones para los líderes empresariales que si cambian su modelo mental de volver al “business as usual” tradicional, pueden descubrir oportunidades para las empresas que dirigen y para sus colaboradores.

Desde el punto de vista de los negocios ya estamos observando una aceleración en la adopción de las tecnologías exponenciales y su convergencia. La inteligencia artificial y el machine learning producirán disrupciones significativas en el consumo masivo, la logística, la industria de la salud, la educación, el transporte y los servicios financieros.

Es una oportunidad para innovar escalando los negocios y centrando la atención en las experiencias de los clientes que cambiarán sus hábitos de consumo y su consideración sobre el valor de los productos y servicios.

También es una oportunidad de asociar estratégicamente las oportunidades comerciales con las oportunidades para los colaboradores en el marco de esta digitalización acelerada. En palabras de Mike Walsh en “The algorithmic leader”, debemos automatizar y elevar en lugar de diezmar, palabra ésta que viene del latín “decemare” que significa literalmente matar uno de cada diez. El rediseño del trabajo no debería pensarse en una vía de reducción de costos sino en la forma de crear mayor valor para los clientes.

Vemos que los procesos de upskilling o reskilling de colaboradores también se acelerarán. Y es una gran posibilidad la de crear una cultura de aprendizaje en las empresas. Aquí sabemos que el rol del CEO y lo ejecutivos y gerentes es clave para empujar estos procesos y reforzar el compromiso de los colaboradores con el aprendizaje. El informe de Linkedin learning del 2020 nos confirma que los presupuestos de las empresas para capacitación on-line están creciendo, que el uso de inteligencia artificial permitirá personalizar el contenido de los cursos y el foco de este año estará puesto en: leadership y management, comunicación, design thinking y resolución creativa de problemas. Del lado de los empleados es claro que brindar entrenamiento incrementa el compromiso con las organizaciones, más aún en el marco de incertidumbre actual. Debemos asegurar que cuenten con el tiempo disponible en las horas de trabajo para capacitarse.

Uno de los aspectos objeto de mayor conversación hoy es que el trabajo a distancia desde las casas de los colaboradores llegó para quedarse.

Las empresas tienen la posibilidad de revisar cuidadosamente el impacto de este cambio en los costos de locación de sus espacios físicos. Sin embargo, un aspecto que no deben descuidar es el valor de las interacciones personales de los equipos de trabajo.

 La empresa IBM en los 80´ fue de las primeras que empezó a organizar el trabajo de sus colaboradores desde sus hogares. En 2009 un 40% trabajaba desde la casa. Pero cuando la compañía requería ideas frescas y más innovación disruptiva, sus líderes decidieron relanzar espacios de trabajo donde reunir gente inteligente como catalizador de creatividad. La inteligencia artificial nos puede ayudar a diseñar esos espacios, ya que se trata no sólo de la forma de reunir a esos equipos, sino también de los ambientes que habitarán.

Creemos que el rol de los CEOs post pandemia está cobrando mayor relevancia y tendrán un impacto relevante en sus colaboradores. Transmitir confianza en sus comunicaciones, que deberían centrarse más en brindar seguridades que actualizar el estado del negocio. Deberían liderar con empatía y servir a las necesidades emocionales con acciones concretas y palabras. Expresar vulnerabilidad e inspirar resiliencia mediante interacciones auténticas. Pensar en soluciones innovadoras para los empleados bajo el lema: “leaders eat last». Priorizar a las personas por delante de los resultados.

En un informe de Korn Ferry se destaca que el 67% de los accionistas o inversores cree que los CEOs no están preparados para los desafíos de un futuro incierto. Que para ellos deben concentrarse en desarrollar los siguientes atributos: anticipación en la visión contextual para crear oportunidades, manejar con propósito los negocios, asociarse en alianzas que complementan, agilizar los procesos y el aprendizaje y construir confianza en las relaciones.

Finalmente, creemos que es el momento para que el mundo empresario avance de manera significativa y sin cinismo hacia una economía y negocios para el bienestar. Donde haya una integración con todos los stackeholders, algo que se viene declamando y resulta en pobres resultados. Reconfigurar hacia ese modelo incluirá cambios en el modelo de decisiones, liderazgo y propiedad del capital, innovar en productos y servicios regenerativos para el bien de las personas y del planeta, cambiar de un modelo de éxito de maximización de utilidades a un modelo basado en el propósito, construir relaciones beneficiosas para la comunidad y los demás stackholders, crear una cultura de aprendizaje colectivo para resolver problemas complejos, medir no sólo los impactos financieros del negocio sino los del medioambiente, la comunidad y la cadena de valor.

Resulta interesante el lanzamiento que en estos días efectuó el Foro Económico de Davos llamado The Great Reset, un llamado a la acción para los líderes empresariales para avanzar hacia una economía verde que proteja la naturaleza y el planeta y equilibre las desigualdades sociales existentes que, como decíamos, se pusieron de mayor relieve e impacto por la pandemia. Es una apelación a un cambio de mentalidad en el mundo empresario. A una posibilidad de expandir lo beneficios de los avances tecnológicos. De repensar la educación y el entrenamiento de los trabajadores. De construir confianza institucional. Y en esa transición habrá un desafío de cómo financiarlo, siendo que el crecimiento económico será fuertemente impactado causando desempleo creciente y mayor desigualdad y que los déficits públicos también crecerán. 

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