Navegando en un mar de incertidumbre

La pandemia del coronavirus que hoy acosa al mundo nos reafirma el marco de incertidumbre global en el que se desarrollan nuestras vidas personales y nuestra actividad profesional. 

Nos preguntamos cómo siendo líderes empresariales podremos cultivar bienestar en nuestras organizaciones y en nuestros colaboradores.

Zigmunt Bauman dedicó varios libros describiendo, sobretodo desde los acontecimientos del 11-9, cómo diferentes amenazas iban alternando crisis de tipo global. Cuestiones que no podría resolver ningún gobierno local: tsunamis, incendios y otros desastres naturales derivados del desequilibrio ecológico del sistema antropocéntrico; crisis económico- financieras como la del 2018, el terrorismo internacional; las pandemias como el Ebola, el Sars, el Mers, la gripe A y ahora el coronavirus. 

Por ello en uno de sus últimos trabajos “El Arte de la Vida” nos dice que:

“…la vida se vive en compañía de la incertidumbre… consiste en una confrontación perpetua entre condiciones externas y los designios de sus ‘auctores’ (autores/actores)”

La obra de Fernando Goin que ilustra esta nota simboliza este escenario a perpetuidad.

Qué dice la gente sobre la confianza institucional?

Antes de declarase esta epidemia global de consecuencias humanitarias y económicas significativas, ya las poblaciones de distintos países desarrollados y en vías de desarrollo del mundo expresaban una desconfianza pública creciente en las cuatro instituciones que anualmente mide la encuesta Trust Barometer (Barómetro de Confianza) de Edelman del 2020.

Uno de los factores principales de esta desconfianza es la desigualdad de ingresos existente, no obstante las perspectivas positivas de crecimiento económico y el bajo desempleo existente con anterioridad al conocimiento del coronavirus, al final del año 2019. 

La polarización en las opiniones del público informado (elites sociales) respecto de la población en general da cuenta de estas brechas e inequidades existentes.

Gobierno y medios de comunicación registran promedios de desconfianza pública, mientras que las ONGs y las empresas  están en niveles de neutralidad en promedio.

 De 26 paises encuestados, 12 registran desconfianza institucional, 6 son neutrales y 8 confían.  

Hay un reconocimiento general de pesismismo sobre el futuro y preocupación por personas que han perdido la dignidad. 

Casi la mitad de las personas indican que el sistema capitalista no esta funcionando para ellos. Más de un 70% dice que tiene una sensación de injusticia y deseo de cambio. 

Ya Zizek en “Problemas en el paraíso” nos alertaba sobre estas inequidades globales y la falta de integración social, y lo simbolizaba con el film “El caballero de la noche asciende”, el último de la saga de Batman, y el personaje encarnado por Bein y la liga de las sombras, queriendo eliminar a las elites corruptas para que las personas marginadas emergieran debajo de la tierra.

Más del 50% de las personas cree que el capitalismo en su forma actual está haciendo más daño que bien en el mundo.

Más del 50% cree que sus gobiernos solo sirven a los intereses de unos pocos y vistos como los menos justos de las cuatro instituciones analizadas. 

Las personas revelan miedo lo que opaca la esperanza. La mayoría no cree que su familia estará mejor en 5 años. El 83% tiene temor de perder sus empleos por alguna de las siguientes causas: falta de capacidades, la guerra comercial, el auge de la economía “freelance”, una recesión que pueda asomarse, inmigrantes, automatización de tareas, el traslado de trabajo a otros países. 

En este marco de desconfianza surge el pensamiento de que son las empresas las que deben tomar la delantera para resolver esta paradoja de la desconfianza.

Un 83% piensa que es obligación de las empresas pagar salarios justos y un 79% que deben proveer reentrenamiento a sus colaboradores cuyos trabajos están amenazados por la automatización.

Un tema interesante es el peso que en la confianza pública en las empresas tienen los pilares éticos (integridad, fiabilidad, propósito) que llegan al 76% y la competencia para entregar lo prometido, que tiene un peso del 24%.

La gente asegura mayoritariamente que las compañías pueden tener ganancias y, a la vez, mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Se identifica el modelo de todos los stackeholders (clientes, empleados, comunidad, accionistas) como el que deberían seguir las empresas para asegurar el éxito a largo plazo. 

Hay una mirada puesta en los CEOs como quienes deben liderar los cambios en lugar de esperar que los gobiernos los impongan. Y deberían hablar de los temas críticos que preocupan a la sociedad: diversidad, cambio climático, inmigración, uso ético de la tecnología, inequidad de ingresos, impacto de la automatización en el trabajo, entrenamiento para el futuro.

A pesar del temor a lo incierto del futuro las personas renonocen que el rol de las empresas y sus líderes es relevante para impactar positivamente en la sociedad.

Pero que dicen los CEOs de las empresas del mundo?

En la encuesta que anualmente realiza PWC a los CEOs del mundo reunidos en Davos en enero del 2020, se revela un pesimismo generalizado sobre el crecimiento económico global y sobre el crecimiento de los negocios de sus empresas en los próximos doce meses y en los próximos tres años.

Sus preocupaciones se centraban en la sobreregulación , los conflictos comerciales, los ataques cibernéticos, la privacidad de los datos y sus sanciones, la incertidumbre económica y política.

Un aspecto que fue foco de preocupación tiene que ver con la disponibilidad de talentos clave.

Muchas empresas han iniciado procesos de reentrenamiento de sus colaboradores. Esto está empujado por la automatización de los trabajos, que se estima en un 30% en el 2030, la falta de movilidad laboral de mano de obra calificada, el envejecimiento del talento.

Se reconoce que estos procesos de darle la oportunidad de capacitación a nuestros colaboradores mejora significativamente las tasas de compromiso, impulsan la innovación y transformación digital y mejorar los indicadores de permanencia de los colaboradores en la empresa.

Los desafíos que enfrentan las empresas que iniciaron los procesos de reentrenamiento o “upskilling” tienen que ver con : motivar a los empleados a aprender, la falta de recursos para conducir los programas, la habilidad de los empleados para aprender, definir qué skills se necesitarán y por último evitar la rotación de las personas reentrenadas.

Cuando indagamos sobre cuáles son esos skills o capacidades faltantes en los colaboradores, surgen dos aspectos clave: lo digital que incluye lo que se idenifica como STEM (science, tech, engineering, math) y los skills humanos: creatividad, empatía, colaboración.

Innovación humana y bienestar organizacional

Sabemos que uno de los desafíos a futuro en el mundo empresario y organizacional es la innovación humana además de la innovación tecnológica ampliamente reconocida como necesaria.

La innovación humana implica transformaciones en los liderazgos y en los equipos de trabajo. Las habilidades socio emocionales son el eje de estos procesos de innovación, así como los atributos del llamado pensador sistémico.  

Cultivar el autoconocimiento, las artes sociales (empatía) y la gestión de las emociones contribuye a una organización aprendiente que genera contextos adecuados y habilita el desarrollo del talento. 

Asimismo, mitigar la llamada autoexigencia del “todo se puede”, guiada por mandatos internos, que atenta contra el bienestar organizacional con episodios de frustración y depresión y que opacan la pausa necesaria para la creatividad y el desarrollo positivo es un objetivo que los líderes empresarios pueden habilitar y facilitar.

No hay recetas para irradiar felicidad, es una acción cotidiana donde la coherencia, autenticidad, empatía, singularidad y flexibilidad componen un buen cóctel saludable. 

En mi experiencia personal mostrarnos fuera del ego de los cargos, derribando barreras jerárquicas y mostrándonos como somos es un buen comienzo para conectar y empezar a generar espacios de confianza que promuevan el diálogo y las relaciones interpersonales. Estos son los condimentos para que la creatividad de las personas se ponga al servicio de la innovación en los negocios.

La felicidad paradójica

Esta suerte de felicidad paradójica que envuelve a los individuos de este planeta frente a las catástrofes globales que seguirán afectándo nuestras vidas, tiene tres corazas protectoras : salud y calidad de vida, bienestar emocional y estético y relaciones con la comunidad y la naturaleza bajo valores eticos y un sentido de propósito.

Creo firmemente que las empresas pueden contribuir a que su gente refuerce estas corazas protectoras, aunque la educación en la escuela debería ser el punto de partida para contribuir a un cambio sistémico.

Gilles Lipovetsky en su libro “La Felicidad Paradójica” nos advierte sobre este individuo posmoderno que desde la mitad del Siglo XX se ve envuelto en la llamada civilización del deseo o sociedad del narcisismo, enmarcada por cuatro ejes ordenadores del mundo global : el hiperconsumo, el hiperindividualismo, el hipercapitalismo e hipertecnificación. Un individuo que ha alcanzado todos los goces sensoriales y materiales y, sin embargo, se siente insatisfecho con su propia vida.

Decía el profesor Lipovetsky con quien tuve la oportunidad de conversar estos temas en el 2016 en su visita a la Argentina, que mientras no se produjera una catástrofe ecológica o económica, la sociedad del hiperconsumo seguiría su curso.

Me pregunto si habrá llegado ese momento con la irrupción de esta pandemia global.

Es necesario aprovechar este momento para reevaluar los goces materiales e inmediatos, enfocar la educación desde otro lugar y empezar a cultivar otro tipo de cultura. La mutación (no del virus) sino de muestra forma de ver el mundo vendrá por la invención de nuevas metas, nuevos sentidos, nuevas perspectivas y prioridades en la vida. Cuando la felicidad humana se identifique menos con la satisfacción del máximo de necesidades y la renovación sin fin de objetos y diversiones, se empezará a gestar un cambio sociohistórico. Esto no supone renunciar al bienestar material, ni la desaparición de la organización comercial de los modos de vida, sino un nuevo pluralismo de los valores, un nueva apreciación de la vida.

En su hermoso libro “El arte de vivir en el nuevo milenio”, Dalai Lama también se hace eco de esa paradoja de la sociedad moderna, en función de la cual el sufrimiento interior, psicológico y emocional se encuentra a menudo en medio de la riqueza material en forma recurrente en buena parte de Occidente.

Según él hemos descuidado nuestra dimensión interior. La prevalencia de la ansiedad, el estrés, la confusión, la depresión y la incertidumbre entre personas que tienen resueltas sus necesidades básicas es un claro indicio de este descuido. Nos reafirma en su texto que existen algunos principios eticos universales que pueden ayudarnos a alcanzar la felicidad. Propone una revolución espiritual. Y la diferencia de la religión donde prevalece el dogma, el ritual. Relaciona la espiritualidad con las cualidades del espíritu humano, como son el amor, la compasión, la tolerancia, el perdón, la responsabilidad, el sentido de harmonía, entre otras. Las características unificadoras de estas cualidades espirituales son en gran medida una clara preocupación por los demás y su bienestar. En tibetano se expresa como el “shen pen kyi”, que significa el pensamiento de ser de ayuda para los demás.

Me interrogo nuevamente si lo que está aconteciendo el el mundo con el coronavirus no se trata de una invocación a un “call for action”para una radical reorientación que nos aleje de nuestras habituales preocupaciones por el propio yo. Un llamamiento para centrarnos en la amplia comunidad de seres con los que nos relacionamos y en un comportamiento que reconozca los intereses de los demás junto con los nuestros. 

Al mismo tiempo, se reafirma la naturaleza interdependiente de las cosas. Y esta visión tiene tres ejes que definen la naturaleza de la realidad: a. el principio de causalidad y efecto, b. la dependencia mutua entre las partes y el todo y c. los fenómenos tienen un origen dependiente, carecen de una identidad independiente. 

Por ello, es que organizaciones como Spirit of Humanity en su Foro bianual del 2019, realizado en Islandia, intitulado “Discovering Harmony in a world of difference. Spiritual resilience in practice”, buscan compartir experiencias transformacionales en uno mismo, en nuestra relación con nuestros semejantes, en la vida comunitaria, en nuestra relación con la naturaleza y en las instituciones gubernamentales, empresariales y sociales, así como en el tenor de sus liderazgos. Alli se respira que somos partes interdependientes de un todo global.

No cabe duda que la convergencia de las tecnologías exponenciales como la inteligencia artificial, la robótica, los sensores y redes, la biotecnología y la infotecnología, nos facilitarán enfrentar los desafíos globales como la vigente pandemia. Y de hecho China es un ejemplo en estos avances: utilización de drones para fumigación y desinfección, pruebas de temperatura con sensores, distribución de insumos médicos; utilización de robots en clinicas para distribución en habitaciones para evitar contactos físicos, plataformas educativas para educación on line y clases virtuales (10mil escuelas y 5 millones de estudiantes de primaria y secundaria), plataformas medicas de diagnóstico, desarrollo de algoritmos que reconocen las personas infectadas mediante un scaner, apps para facilitar reuniones y trabajo a distancia asi como para registro de la salud de los empleados de cada empresa, vehiculos autónomos para distribución de alimentos, supermercados automatizados 24/7sin personas que atiendan, biotecnologias en la busqueda de vacunas en diversos laboratorios, construcción en tiempo record de hospitales y una red de información clínica en tiempo real en más de 100 ciudades y más de 3000 clínicas.

Finalmente, creemos que debemos aprovechar esta “pausa global” en el hacer para fortalecer y desarrollar la innovación humana. Y en esto, los líderes con propósito de las distintas organizaciones tenemos una gran oportunidad para humanizarlas. Dejando nuestro legado, plantando nuestras semillas con una mirada de largo plazo y cultivando la resiliencia de nuestras tripulaciones para seguir navegando en este mar de incertidumbre que nos seguirá desafiando.

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