Tiempos de transiciones

En estos días se cumplió un año desde que iniciamos este ciclo de asilamiento social a raíz de la pandemia global que irrumpió en el planeta.

Creo que es un buen momento a nivel personal, organizacional y social para reflexionar sobre los aprendizajes que nos deja este período y cómo nos reordenamos para seguir adelante.

Un primer aspecto que hemos confirmado es que somos una sociedad global interdependiente expuesta a los golpes del destino en un marco de incertidumbre a perpetuidad. Los hechos que acontecen en un lugar del planeta afectarán tarde o temprano en otras geografías. 

También estamos tomando conciencia que la salud de nuestro cuerpo físico esta íntimamente ligada a la salud de la naturaleza. Y esto reafirma nuestra condición de ser una especie más dentro del universo, lo cual nos interpela sobre la necesidad de migrar del modelo antropocéntrico que hemos concebido para el desarrollo humano hacia un modelo bio-antropocéntrico. Un sistema económico-social circular y regenerativo. Que desde su diseño no genere deshechos, sino que todos los residuos orgánicos y materiales se reutilicen y reduzcan los efectos negativos sobre nuestros límites planetarios. Y a la vez podamos asegurar condiciones adecuadas de calidad de vida para todas las personas.

Es claro que la pandemia ha generado un deterioro significativo de las economías de los distintos países y ha puesto de manifiesto las desigualdades existentes a nivel global y de cada sociedad. Y esto me refuerza la idea de un cambio necesario en el sistema hacia lo que llamamos Wellbeing Economy o economía del bienestar. 

Y esto afortunadamente ha sido puesto en evidencia en los ejes temáticos del Foro de Davos de este año: cómo salvar el planeta, economías más justas, tecnología para el bien, sociedad y el futuro del trabajo, mejores negocios, futuro saludable, geopolítica.

Me pregunto si para motorizar estos cambios debemos primero cambiar los incentivos y sus mediciones. O si debemos trabajar ayudando a los lideres gubernamentales y empresarios a cambiar la manera de ver la realidad, hackear sus modelos mentales.

Otra cuestión que debemos reconocer es que afortunadamente la ciencia ha estado por encima de la gestión de los gobiernos. Ha logrado aislar al virus y secuenciado su genoma rápidamente acelerando el proceso de creación de vacunas posibles. Esta colaboración científica no ha sido la misma a nivel de los gobiernos. Tanto en lo que respecta a la producción y distribución de insumos médicos como ahora en cuanto a la disponibilidad de vacunas. 

Los resultados del Barómetro de Confianza de Edelman del 2021 nos indican un deterioro significativo en la confianza hacia los gobiernos, que había crecido al inicio de la pandemia frente a las expectativas de la población de ser quienes debían moverse para atacar esta amenaza global.  Y muy significativa es la desconfianza emergente sobre la manipulación de la opinión pública por parte de los medios en todas sus formas. 

Un 61% de las personas cree que los medios de comunicación no están siendo objetivos. El 57% de las poblaciones percibe a los lideres gubernamentales como sospechados de mentir y desinformar. Hay ejemplos cercanos en América de presidentes que minimizaron el tema de la pandemia e impusieron teorías conspirativas.

Los miedos sociales se acentúan en dos aspectos centrales. Por un lado, la pérdida de empleos derivada del deterioro económico o la digitalización y automatización de los procesos de negocio que la pandemia aceleró significativamente. Y por otro, el temor a contagiarse. Por ello, un 48% de las personas elige volver a la oficina y el 52% a seguir sus tareas en forma remota. Tensionan las razones vinculadas a la productividad, el balance de vida personal y trabajo, el miedo al contagio.

En este sentido otros estudios demuestran que las mujeres han sufrido mayores malestares físicos y emocionales que los hombres y un stress en la atención de las necesidades familiares y el trabajo continuo desde la casa. Por ello hay en ellas una tensión particular del género en volver a la oficina o no. 

En la medición anual de las cuatro instituciones la confianza empresarial esta por arriba de ONGs, gobiernos y medios. Las sociedades tienen fuertes expectativas sobre el rol de las empresas en el abordaje e involucramiento en las preocupaciones sociales. 

Una preocupación social que se marca en el 61% de las personas entrevistadas a nivel global es perder la libertad como ciudadano. Este es un aspecto relevante que pensadores como Yuval Harari han resaltado en sus textos y en recientes entrevistas. 

Aquí hay una tensión entre la efectividad de la vigilancia digital para controlar los vectores de contagio y la salud de la población y los límites de la privacidad y libertad de las personas. Claramente la bio-política y las dictaduras digitales, más presentes en ciertos lugares del planeta, han sacado provecho de la pandemia. 

Será un desafío armonizar el manejo de la información personal y su accesibilidad, ya que se ha legitimado la vigilancia masiva.

Los modelos de gobierno democrático también necesitarán repensarse. La codicia existente en muchos de los países deberá mutar hacia la colaboración con nuevas instituciones que puedan canalizar la cooperación y la competencia a la vez dentro de canales positivos, para alcanzar los complejos objetivos del bien común. 

Esto implica dejar de enfatizar el individualismo y el yo de los políticos que nos gobiernan frente a la comunidad.

Examinemos ahora cómo se presenta el clima empresarial para el 2021. 

La encuesta realizada por PWC revela que los CEOs entrevistados se muestran por un lado con ansiedades sobre el futuro y, por otro lado, han recuperado el optimismo sobre la recuperación de las economías y el crecimiento de sus propios negocios. 

Un 76% cree que la economía mejorará y en cuanto a sus empresas un 36% cree que el próximo año crecerán sus ingresos y un 47% en los próximos tres años. 

Las preocupaciones clave son: la pandemia en sí misma y la crisis de salud, las amenazas relacionadas con la ciberseguridad, la sobrerregulación de los gobiernos, incluyendo la presión fiscal.

Y en menor medida el cambio climático. Un 60% reconoce no haber considerado el cambio climático en sus actividades de riesgo estratégico. 

Resulta paradójico que las compañías de los países con mayor exposición a amenazas naturales o a la emisión de dióxido de carbono es menos probable que hayan considerado el cambio climático en su enfoque de administración del riesgo.

Respecto de los negocios propiamente dichos, observamos que la pandemia está teniendo un doble rol de acelerador de la transformación y amplificador de fuerzas disruptivas: los procesos de digitalización de los negocios y sus impactos en el cambio cultural de las organizaciones. Las formas flexibles de trabajo seguirán avanzando, sí como las necesidades de entrenamiento de los colaboradores para nuevas funciones o tareas.

A nivel de las personas escalará el concepto de “vida de múltiples etapas” que hemos tratado en notas anteriores. Creo que este año, así como el 2020 resultó para muchos, será un período de nuevas transiciones para adquirir bienes intangibles que nos permitan afrontar posibles cambios en nuestras actividades profesionales y laborales. Sigamos cultivando nuestra capacidad de adaptabilidad.

Un 50% de lo CEOs planea incrementar sus inversiones en transformación digital. Un 36% reconoce enfocarse en la productividad del negocio a través de la tecnología y la automatización.

Las inversiones de los próximos tres años se dirigen a transformación digital, reducción de costos, ciberseguridad y privacidad de datos y liderazgo y desarrollo de talento.

Es claro también que las industrias se han afectado de manera diferente: turismo o transporte que deben reinventarse, el retail ha sido afectado por cambios en la forma de consumir y adquirir productos y requerirán cambios en las formas de trabajo de los empleados. En Estados Unidos el consumo masivo on-line alcanza ya el 25%.

Por ejemplo, la compañía Fender de guitarras eléctricas creció significativamente durante la pandemia, aumentando sus ventas anuales. Y esto claramente tiene que ver con cambios en hábitos de consumo en un periodo de búsqueda y cambio para las personas. Y demuestra que las actividades artísticas han crecido significativamente.

Los servicios financieros también cambiarán dramáticamente poniendo en tensión los viejos modelos de sucursales y de relación y operación de los clientes. Con un incremento de los ya mencionados riesgos de ciberseguridad. 

La educación formal y no formal seguirá potenciándose, con costos más reducidos y accesible a más jóvenes y adultos a través de los modelos virtuales. Un aspecto interesante que hemos experimentado en la diplomatura en innovación humana que lanzamos en plena pandemia es que nuestros alumn@s podían ser de diversos países retroalimentando los contenidos con distintas miradas. 

Las empresas tecnológicas o de uso intensivo de tecnología las cuales se han desempeñado favorablemente, están reconociendo que los skills tecnológicos no son todo y deben seguir invirtiendo en la gente con empatía, inteligencia emocional y agilidad. Y, por otro lado, ser mejores socios de sus clientes para brindar seguridad, confiabilidad y privacidad.

Por último, creemos que los sistemas de salud y su industria necesitarán transformarse hacia modelos mas preventivos y de uso de tecnología con los pacientes. De hecho, en Estados Unidos el uso de la telemedicina fue intensivo y un 83% de los pacientes esperan seguir utilizando estos procesos. La pandemia y la crisis sanitaria resultante también pusieron de manifiesto la necesidad de incrementar los presupuestos de salud de los gobiernos. 

Otra preocupación empresarial tiene que ver con las asimetrías sociales, convergiendo con las expectativas de la población arriba indicadas. Cómo recuperar el progreso social y económico. Creemos que existe una oportunidad de que las empresas y sus líderes ejerzan un rol trascendente en la generación de impactos positivos para la comunidad interna y externa y el medioambiente. 

Ya metiéndonos en el corazón de cada compañía y la “vuelta a la nueva normalidad”, estoy convencido que el CEO tiene que ser cada vez más un “Chief Empathic Officer” con su gente.  La vuelta a la oficina ofrece una gran oportunidad a los lideres de áreas, grupos, equipos, negocios, de reconectar con los colaboradores. Poner en el centro a las personas. Atender la singularidad de sus necesidades. Imprimir a la organización de un baño de colaboración. Habilitar espacios de aprendizaje. Ser inspiradores y auténticos. Empoderar a los colaboradores y brindarles soporte. Y fundamentalmente enmarcar el norte de la compañía con un propósito que motive el compromiso de la gente.

Me pregunto si es posible concebir una organización radicalmente humana.

Necesitamos ser disruptivos con las formas tradicionales de pensar, conectar a todos los individuos con nuestra visión, elevar a nuestros colaboradores para que explote su potencial, darle los procesos, sistemas y estructuras adecuados.

Y por sobretodo, como dice nuestro grafiti callejero del barrio de Colegiales, “liderar con coraje” para brindar conversaciones adecuadas y resolver los miedos de las personas.

Finalmente, creemos que la tecnología ha tenido un rol crítico en 2020. La humanidad se refugió en un mundo virtual que no colapsó.  Por ello, debemos proteger cada vez más nuestra infraestructura tecnológica, en particular de las amenazas de posibles ciberataques. Esto debe ser una prioridad institucional.

2021 será un año de transiciones y reseteo. Y como dice Daniel Goleman en una nota reciente: “Conectar con un propósito puede ser la mejor resolución que hacer este año.”

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